Honda y Nissan vuelven a asociarse: desarrollarán juntos el “cerebro” de sus futuros autos

Honda - Nissan alianza

El fallido proyecto de fusión no puso punto final a la relación entre Honda y Nissan. Por el contrario, ambas automotrices japonesas volvieron a encontrar un área en la que pueden trabajar en conjunto y que tendrá un papel cada vez más determinante en la industria: el desarrollo de la electrónica y el software que estarán detrás de sus próximos vehículos.

El nuevo acuerdo contempla la creación conjunta de una arquitectura tecnológica destinada a los futuros vehículos definidos por software, conocidos como SDV. El trabajo abarcará desde las unidades de control electrónico y las arquitecturas eléctricas y electrónicas hasta los sistemas operativos, el middleware y los programas encargados de administrar diferentes funciones del vehículo. La previsión es que esta tecnología comience a incorporarse en productos de ambas marcas a partir del año fiscal 2029.

La importancia de este desarrollo radica en que el automóvil moderno está dejando de depender exclusivamente de sus componentes mecánicos. Sobre estas nuevas plataformas digitales funcionarán servicios de conectividad, asistentes de conducción y diferentes funciones que podrán recibir mejoras o nuevas capacidades mediante actualizaciones de software durante toda la vida útil del vehículo. De esta manera, Honda y Nissan buscan desarrollar una base común que les permita afrontar una transformación tecnológica que ya está modificando la forma en que se conciben los autos.

En un principio, el esquema de cooperación parecía contemplar a Nissan como principal proveedor de la tecnología y a Honda en el rol de socio. Sin embargo, el acuerdo finalmente adoptó una modalidad de desarrollo conjunto, con la intención de aprovechar los conocimientos y recursos de ambas compañías. Las primeras implementaciones están previstas para 2029, aunque durante los próximos años el alcance del proyecto podría ampliarse hacia otros sistemas vinculados con la electrificación.

Detrás de esta decisión existe también una cuestión de competitividad. Honda y Nissan, al igual que buena parte de los fabricantes tradicionales, enfrentan el desafío de acortar distancias frente a Tesla y especialmente frente a las automotrices chinas, que avanzaron con rapidez en áreas como vehículos eléctricos, conectividad, software y actualizaciones remotas. En este nuevo escenario, las capacidades digitales comienzan a tener un peso comparable al de características tradicionalmente utilizadas para diferenciar un vehículo, como la potencia, la autonomía o las prestaciones.

Compartir inversiones, equipos de ingeniería y trabajos de investigación permitiría a las dos marcas reducir costos y acelerar los tiempos de desarrollo. Además, evitarían afrontar por separado proyectos tecnológicos similares, algo especialmente relevante teniendo en cuenta las enormes inversiones que requiere el desarrollo de nuevas arquitecturas electrónicas y sistemas operativos.

La cooperación tampoco necesariamente quedará limitada al software. Entre las áreas que podrían sumarse en el futuro aparecen componentes destinados a vehículos eléctricos, como ejes eléctricos, baterías, plataformas tecnológicas y sistemas de compras conjuntas. Así, el acuerdo que ahora comienza con la electrónica podría terminar convirtiéndose en una asociación mucho más amplia.

Este nuevo capítulo llega aproximadamente un año y medio después del fracaso del proyecto de integración que Honda y Nissan habían anunciado a finales de 2024, una iniciativa que incluso podía incorporar a Mitsubishi. La operación terminó diluyéndose después de que Honda planteara un esquema en el que asumiría el control de Nissan, pese a que inicialmente se había planteado una fusión entre iguales. La posibilidad de que Nissan pasara a funcionar como filial fue uno de los principales puntos de conflicto.

Con aquel proyecto descartado, las dos compañías parecen haber elegido ahora una estrategia menos ambiciosa, pero posiblemente más concreta: conservar su independencia y asociarse en aquellas áreas donde compartir tecnología, inversiones y conocimientos resulte beneficioso para ambas. Y el primer gran punto de encuentro será, precisamente, el componente que cada vez tiene mayor protagonismo en los autos del futuro: el software.

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