El fin de una era: con la discontinuación del F-Pace, Jaguar dice adiós a los motores de combustión y se queda sin ningún producto en su gama
Jaguar atraviesa uno de los momentos más singulares y hasta preocupantes de su historia reciente. En medio de debates por su reposicionamiento y anticipos de su próximo vehículo eléctrico, la firma británica confirmó el final de la producción del F-Pace, su último modelo con motor de combustión. Con esta decisión, la marca deja de fabricar automóviles para cualquier mercado del mundo y entra en una etapa de transición inédita, a la espera de su relanzamiento total como fabricante exclusivamente eléctrico.
El F-Pace había sido retirado del mercado británico en noviembre, aunque su producción continuó durante algunos meses para destinos como Estados Unidos, Australia, China y ciertos países europeos. La última unidad salió recientemente de la planta de Solihull, que a partir de ahora quedará dedicada de forma exclusiva a la producción de los modelos Range Rover, dentro del grupo Jaguar Land Rover (JLR).
El cierre del ciclo del F-Pace tiene un fuerte valor simbólico. Lanzado en 2016, fue el primer SUV de Jaguar y también el modelo que mejor interpretó el cambio de preferencias del público premium a nivel global. En pocos años se transformó en el vehículo más vendido de la marca y en un pilar fundamental para sostener su volumen comercial, especialmente mientras las berlinas y los coupés perdían protagonismo.
En menos de diez años, Jaguar comercializó más de 300.000 unidades del F-Pace en todo el mundo. En muchos mercados, fue el modelo que permitió mantener a flote a la compañía y financiar su continuidad en un contexto cada vez más adverso para los fabricantes tradicionales con gamas reducidas.
Para cerrar este capítulo, Jaguar eligió un gesto cargado de historia: la última unidad producida fue un F-Pace SVR, la versión más extrema y potente del SUV. Pintado en negro, el mismo color utilizado en el último E-Type fabricado en 1974, este ejemplar no será comercializado y pasará a formar parte de la colección del Jaguar Heritage Trust, en Gaydon, donde se preserva el legado histórico de la marca y de la industria automotriz británica.
Con el final del F-Pace, Jaguar se convierte, al menos por un tiempo, en una marca activa pero sin producción de vehículos. La compañía no volverá a fabricar autos hasta la llegada de su nueva generación eléctrica, encabezada por un gran GT de cero emisiones que actualmente se desarrolla bajo el nombre interno X900. Su lanzamiento no está previsto antes de 2027.
Este modelo será el estandarte de la nueva identidad de Jaguar y también el más ambicioso desde el punto de vista técnico: contará con tres motores eléctricos, una potencia superior a los 1.000 CV y tracción integral con reparto de par variable. Aunque el concepto presentado anteriormente fue apenas un anticipo, los prototipos en pruebas ya muestran un diseño más evolucionado.
La estrategia implica un riesgo elevado. Según la propia marca, solo el 15% de los compradores de esta nueva etapa provendrán de su base actual de clientes, lo que implica renunciar deliberadamente a gran parte de su público histórico para intentar captar uno completamente nuevo. ¿Logrará sobrevivir en esta nueva etapa o será un fracaso absoluto?



















