Daniel Herrero, CEO de Prestige Auto y Gustavo Estrada, Director de Aerodinámica de Mercedes AMG realizaron una charla inspiradora en la Universidad Austral
Bajo el título «Ingeniería, Innovación y Talento: el triángulo que impulsa la sostenibilidad en la industria automotriz», la Universidad Austral reunió a dos referentes de la industria para compartir sus experiencias y reflexiones. Del encuentro participaron Daniel Herrero, CEO de Prestige Auto (representante de Mercedes-Benz en Argentina), y Gustavo Estrada, Jefe Técnico de Aerodinámica de Mercedes AMG, quien lleva 24 años trabajando en Alemania para la división de alto rendimiento de la marca de la estrella. 16 Válvulas estuvo presente en este intercambio de ideas entre dos referentes de la industria.
Juan Cruz Fernandez, presentador Universidad Austral, Gustavo Estrada, Director de Aerodinámica de Mercedes AMG y Daniel Herrero, CEO de Prestige Auto (representante de Mercedes-Benz en Argentina)
Abrió la charla Daniel Herrero, poniendo foco en una definición: «Cuando todo el mundo habla de sostenibilidad, piensa en lo ambiental. Pero la sostenibilidad de la industria es cuando puede mantenerse competitiva, innovadora, evolucionando, generando empleo y valor para el país«.
Para Herrero, existen tres pilares fundamentales para lograr ese equilibrio: ingeniería, innovación y talento. «El ingeniero es el capaz de transformar una idea en realidad, de hacer algo más eficiente, de encontrar una solución donde nadie la encuentra. No hablo solo del ingeniero de cálculo o diseño, sino del que está dentro de la fábrica y mejora un proceso, la calidad o la competitividad«.
El ejecutivo compartió una historia personal de su etapa en Toyota. «Un día me junto con cuatro ingenieros y les digo: ‘Quiero hacer un vehículo deportivo sobre una pick-up, algo que no existía’. Lo hicimos a escondidas de Japón, sin autorización. Terminamos el vehículo, le sacamos foto y me fui a presentarlo«.

A pesar del rechazo inicial de los gerentes japoneses, Herrero llevó la propuesta al presidente de Gazoo Racing. «Le pongo las fotos en el escritorio y dice: ‘Este es el vehículo que nosotros necesitamos’. Ese vehículo, hecho por cuatro ingenieros argentinos con una capacidad de adaptación y creatividad enorme, se convirtió en un producto global. Hoy Argentina cobra regalías por ese desarrollo«, reveló.
Herrero también repasó el complejo proceso de transición cuando Prestige Auto se hizo cargo de la filial local de Mercedes-Benz. «Mercedes decide que la filial ya no era viable y la vende. Nosotros asumimos con el compromiso de no despedir a nadie y mantener los puestos de trabajo«.

Los resultados en seis meses fueron contundentes: «Producimos 30% más con la misma gente, bajamos 40% los accidentes, redujimos 35% los defectos de calidad y el ausentismo cayó del 11% al 3%«. Herrero atribuyó gran parte de esa mejora al trabajo de los ingenieros: «El que definió la nueva celda robótica, el que descubrió que cambiando la temperatura del horno de pintura bajábamos un 10% los defectos, el que creó el sistema automatizado de despacho de partes. Todo eso es ingeniería aplicada».
Gracias a esa competitividad, Prestige Auto pasó de fabricar 14.000 unidades anuales a 20.000 este año y quiere ir a 27.000 el año que viene, y hoy exporta a mercados africanos y de Estados Unidos.
El segundo pilar, la innovación, fue definido por Herrero como «una necesidad de supervivencia» ante cambios más violentos que los de los últimos 100 años. «Innovación no es encontrar la gran tecnología que nos cambie, sino adaptarse a lo que viene y usar las nuevas tecnologías de manera adecuada«.
El ejecutivo fue muy claro sobre cómo afecta la tecnología al trabajo.: «¿La tecnología va a dejar gente sin trabajo? No, definitivamente no. El único tema es que nos tenemos que educar para manejar esas nuevas tecnologías». Y ejemplificó: «Cuando Ford descubrió la línea de producción, si todos hubiesen usado el ahorro de mano de obra para desarrollar mejores autos, tendríamos autos increíbles. La tecnología la tenemos que usar para crecer«.
En el marco de esta charla Prestige Auto exhibió en la Universidad Austral los modelos Mercedes Benz CLE AMG y C 43 AMG
El cierre de su exposición estuvo dedicado al talento. «Vos podés tener tecnología, podés tener planes de inversión, podés tener el mejor diseño, pero si no tenés talento es muy difícil que lo lleves adelante. El ingeniero es el que lo desarrolla, pero el talento es el que al final del día lo pone en marcha«.
Herrero advirtió sobre la escasez de perfiles técnicos: «Hoy faltan técnicos e ingenieros en mecatrónica. Tenemos que tomar con responsabilidad la educación«. Desde Prestige, detalló, cuentan con un centro de entrenamiento propio y programas de apoyo en 15 escuelas técnicas para 1500 alumnos.
«Nosotros incorporamos 200 personas desde que llegamos, y tratamos de hacerlo desde pasantes universitarios o centros de formación, afirmó. Y cerró con una frase contundente: «La pasión siempre vence al miedo. Como decía Carl Benz, el amor por inventar no muere nunca«.
Luego fue el turno de Gustavo Estrada, quien comenzó agradeciendo la invitación y destacando el privilegio de estar en la universidad. Estrada, nacido en Tucumán hace 51 años, estudió Ingeniería Mecánica Aeronáutica en la Universidad Nacional de Córdoba. «Seis años con una carga horaria muy pesada, de la cual estoy muy orgulloso«. Una beca lo llevó a Alemania. «Había visto Estados Unidos, pero Europa: España no era opción, Italia no, Inglaterra no. La punta estaba en Alemania. Tuve que estudiar alemán seis meses y reducir mi tesis de un año a seis meses«.
Su primer trabajo fue calibrando túneles de viento en toda Europa con un auto donado por BMW. Luego pasó por Porsche, donde trabajó en el 911 y en el Macan (un Audi Q5 que debían convertir en un Porsche). «Usando la misma estructura, reduciendo costos al máximo y con un tiempo de desarrollo muy corto«, recordó.
Estrada llegó a Mercedes-Benz para formar el departamento de aerodinámica de AMG, la división de alto rendimiento. «Ahí desarrollamos el GT de AMG, y logré mi primer sueño sin haberme dado cuenta: cuando ganamos primero, segundo y tercer puesto con el primer auto de carrera que tuvimos en Europa. Ahí recién entendí que Pagani, Berta y Fangio habían sembrado esa semilla en mí«.
Entre los proyectos más ambiciosos, mencionó el Mercedes-AMG One, un hiperdeportivo con motor de Fórmula 1. «Tres autos en uno. Se transforma aerodinámicamente generando mucha carga. El alerón trasero genera la carga de dos osos polares más una persona adulta. Los flaps delanteros generan cargas equivalentes a poner un piano de cola sobre el auto«, describió.

También contó el récord de dar la vuelta al mundo en menos de ocho días con el AMG GT X-X. «No es un récord de una vuelta en siete minutos, sino de ocho días donde cualquier factor externo (un pájaro, una tormenta) te puede jugar en contra«.
Uno de los pasajes de la charla fue cuando reflexionó sobre la tensión creativa entre diseñadores e ingenieros. «El mejor producto es cuando el diseñador entiende al ingeniero. Porque si él no cree lo que yo le digo, no lo va a realizar. Y si no lo entiende, tampoco«.
Por eso, desde hace años Estrada enseña en la Universidad de Pforzheim (Alemania) a estudiantes de diseño. «Sembramos semillas para que entiendan las formas, para que puedan desarrollar autos a futuro y vender sus productos con una visión, no con una ilusión«. Estrada desglosó el ciclo de desarrollo de un vehículo: desde la investigación y concepto hasta el inicio de producción (SOP), un proceso que puede llevar entre 40 y 60 meses. «Tenemos lo que llamo el ‘RPM cerebral’: donde generamos innovación para mantenernos al tope hoy y dentro de cinco años. Porque ese top de hoy va a ser tecnología para el resto de los autos«.
Y enfatizó la necesidad de la transparencia: «En el mes 12 puedo llegar a mi directivo y decirle que esto no se puede, que el problema va a salir recién en el mes 48. Pero si ocultamos una duda, es preferible ponerse rojo una vez que tener un ojo morado. Proceso y Comunicación«.

Para dimensionar la importancia de la aerodinámica, Estrada dio un ejemplo contundente: «En un auto estándar, la resistencia aerodinámica ronda los 70 kg a 140 km/h. Pero a más de 300 km/h, estamos hablando de 350 kg que hay que vencer para poder moverse. Si reducimos 30 puntos el coeficiente aerodinámico, es como ahorrar 150 kg de peso en el auto. Los valores son brutales«.
El especialista cerró su exposición con una serie de conceptos clave que resumió como aprendizajes para los jóvenes profesionales: saber las propias responsabilidades, conocer los límites, dominar el proceso, usar el know-how, medir el impacto de cada decisión, comunicar con transparencia, innovar permanentemente, recurrir a analogías para hablar con otros sectores y, por encima de todo, poner pasión.
Antes de finalizar, Herrero mostró una imagen del auto de carrera de Prestige y lanzó una reflexión final: «Un auto de carrera es ni más ni menos que un ingeniero soñando en hacer innovaciones. Cuando vean un proyecto de un auto de carrera, defiéndanlo, porque está pensando en el futuro de la gente«.

El desafío es seguir formando profesionales, apostar a la tecnología y, como dijeron ambos disertantes, nunca perder la pasión.




















